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Localización: Servicios - Sexologia
Sexualidad

PROBLEMAS DE DESEO SEXUAL:

  • Bajo deseo sexual o deseo sexual inhibido.
  • Problemas de aversión o fobias sexuales.

PROBLEMAS DE EXCITACIÓN SEXUAL:

  • Falta de excitación sexual en la mujer.
  • Falta de la excitación sexual en el hombre.
  • Disfunción eréctil (impotencia).

PROBLEMAS DEL ORGASMO:

  • Eyaculación precoz.
  • Eyaculación retardada o inhibición de la eyaculación.
  • Anorgasmia femenina.

PROBLEMAS DE DOLOR DURANTE LA ACTIVIDAD O LA RELACIÓN SEXUAL:

  • Vaginismo.
  • Dispareunia o dolor durante las relaciones sexuales.
           

La Organización Mundial de la Salud define la salud sexual o la sexualidad sana como: “La aptitud para disfrutar de la actividad sexual y reproductiva, amoldándose a criterios de ética social y personal. La ausencia de temores, de sentimientos de vergüenza, culpabilidad, de creencias infundadas y de otros factores psicológicos que inhiban la reactividad sexual o perturben las relaciones sexuales. Y la ausencia de trastornos orgánicos, de enfermedades y deficiencias que entorpezcan la actividad sexual y reproductiva”. OMS: Cuadernos de Salud Pública, nº 57, Ginebra, 1975.

Hoy en día es indiscutible que no se puede contemplar el concepto de salud como bienestar bio-psico-social del individuo sin tener en cuenta la sexualidad. Pero la sexualidad es un fenómeno complejo que abarca multitud de aspectos, fundamentalmente los biológicos, psicológicos y socio-culturales. El objeto final de la sexualidad ha dejado de ceñirse únicamente al concepto de la procreación para abarcar conceptos como el de obtención de placer individual, intercambio de placer entre dos personas, manifestación del vínculo amoroso en la pareja, una forma de comunicación o expresión personal e incluso artística, etc.

Las dificultades sexuales se convierten en motivo de sufrimiento para muchas personas y constituyen uno de los problemas más frecuentemente encontrados en la consulta clínica. Para definir estas dificultades se han de tener en cuenta no solo criterios biológicos, médicos, psicológico-psiquiátrico, socio-culturales, legales, estadísticos o normativos, sino también criterios propiamente vivenciales o subjetivos (sentimientos de infelicidad, inutilidad o ineficacia experimentados por la personas en sus prácticas sexuales son igualmente considerados en la clínica como una medida de deterioro psicológico y la razón principal de búsqueda de ayuda profesional).

La terapia sexual se desarrolla en tres grandes fases: evaluación, tratamiento y seguimiento.
Durante la fase de evaluación de los problemas sexuales se emplean diferentes técnicas como la entrevista o historia sexual, la observación, auto-registros, auto-informes, registros psicofisiológicos y el examen físico o médico (urológico o ginecológico).  La entrevista para la evaluación inicial del problema persigue dos objetivos fundamentales: 1) determinar si el problema es susceptible de terapia sexual o si es aconsejable otro tipo de terapia; y 2) comprobar si se dan los requisitos básicos para llevar a cabo la terapia sexual. Para lo cual, se hace necesario recoger datos sobre: a) el tipo y naturaleza del problema sexual presentado por la persona o ambos miembros de la pareja; b) la posible presencia de patología orgánica que pudiera tener algún efecto sobre la conducta sexual, por lo que se recomienda a los pacientes realizarse un reconocimiento urológico o ginecológico como parte de la evaluación inicial; c) el posible grado de psicopatología relacionado con el problema sexual para, en caso de existir, determinar la posible relación causa-efecto entre el problema sexual y psicológico y establecer un orden de prioridades a la hora de abordar ambos problemas, asegurándose de que el problema psicológico no está afectando al comportamiento normal del individuo y de que no vaya a interferir en la terapia sexual; d) la posible existencia de problemas de pareja (en caso de haberla) que pudiera tener una influencia recíproca con el problema sexual, por lo que se podrían simultanear ambas terapias (sexual y de pareja).

La fase de evaluación se completa con la recogida de información de variables estimulares (estímulos, situaciones o acontecimientos sexuales antecedentes y desencadenantes del problema como las actividades sexuales llevadas a cabo por la pareja o el lugar donde se practican), variables relacionadas con la persona desde un esquema integrador bio-psico-social (biológicas: posibles deficiencias, malformaciones y trastornos o enfermedades físicas que pudieran estar asociadas con los problemas de la conducta sexual manifestada; psicológicas: historia previa de aprendizaje vivida por la persona en relación con experiencias y actividades sexuales, tanto positivas como negativas, que se convierten en disposiciones a responder establemente de determinadas formas ante ciertas situaciones o estímulos sexuales y en las que se contemplarían el nivel de información, educación y experiencias sexuales que pueden haber provocado que la persona adquiera ciertas ideas, creencias o actitudes que pueden hacerle actuar de una manera problemática o no problemática; sociales: habilidades interpersonales o sociales adquiridas, como la capacidad de comunicación, la asertividad o seguridad en este tipo de relaciones o la capacidad para expresar libremente sus propios sentimientos o emociones, todas las cuales pueden desempeñar un importante papel en la adquisición y manifestación de distintos problemas sexuales); variables relacionadas con la conducta o respuesta sexual exhibida por la persona a nivel cognitivo, motor y emocional que pueden interferir positiva o negativamente con el problema (cognitivas: pensamientos, fantasías, imágenes, etc.; motoras: actividades o conductas sociales manifiestas realizadas durante las relaciones sexuales como la estimulación manual, bucal, coito, etc.; y emociones experimentados en la situación como ansiedad, miedo, placer, enfado, humillación, etc.); y por último, variables relacionadas con las consecuencias que suelen acompañar a la realización de cualquier conducta sexual, tanto positivas (satisfacción sexual, relajación o el orgasmo) como negativas (malestar, frustración, dolor o irritación, discusión, enfado con la pareja, etc.).

El tratamiento de los problemas sexuales consiste en el aprendizaje por parte del paciente de una serie de técnicas específicas para su tipo de problema y la modificación de creencias,  actitudes y/o conductas que se encuentren el origen o mantenimiento del problema; para lo cual, el paciente se ha de implicar activamente en el tratamiento realizando tareas para casa entre las sesiones y llevar un registro de las mismas, de tal forma que tanto terapeuta como paciente dispongan de una retroalimentación de las dificultades presentadas y de los progresos de la terapia.


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